
Cuenta la leyenda que la
femme fatale ha desaparecido. Dicen por ahí que la ha matado la belleza siliconada de quirófano y photoshop, el exhibicionismo descarnado y la publicidad de nuestra época.
Puede que ya no fume cigarrillos largos con boquilla de oro, ni que la veamos bambolearse envuelta en gasas y sedas mientras baja lentamente unas infinitas escalinatas de mármol.
Pero aún hay quienes dicen que sigue destrozando los corazones de los hombres que caen en las redes de sus turbulentas pasiones.
La
femme fatale, extraña
melange de amor y muerte, de pasión e indiferencia, de misterio y sexualidad.
Jamás pide perdón. Es algo sádica, no le importa tu sufrimiento. Externamente es fría como el hielo. Internamente, fuego fatuo.
Se le adivina un pasado doloroso, tormentoso, agitado. Pero todo aquello es incierto. Ella es puro misterio, jamás hablará de su pasado, no demasiado. Ella solo representa el presente, y llevará a sus incontables amores a un inevitable destino: la fatalidad (
fatal proviene del latín
fatum, "
destino").
Toda mujer tiene algo de fatal. Pero aquellas reinas, expertas en fatalidad, siguen dando vueltas por el mundo. ¿O acaso nunca te arrancaron el corazón sin compasión?